Hoy, otra vez, lamentamos la muerte de un ciclista en la vías de nuestro país. Hoy la tragedia tiene nombre propio, y los informativos y las redes darán voz a la tragedia. Pero hoy se volverán a olvidar de que más allá del morbo de un olímpico atropellado, existen tragedias casi cotidianas de las que la prensa sólo hace referencia a nivel local y de manera casi anecdótica.
Es lamentable que un país que se echa a las calles para seguir las grandes pruebas ciclistas, demuestre tan poca deferencia hacia el ciclista anónimo, ese que nos cruzamos en nuestro coche casi cada día.
Es lamentable la presión a la que se ven sometidos muchos ciclistas urbanos por parte de unos conductores que parecen no conocer el código de circulación.
Pero sobre todo es lamentable que se use al ciclista como cartel publicitario, como ejemplo de buenos propósitos, cuando nuestros políticos quieren hacerse un lavado de cara o cortar la cinta de salida de la vuelta.
Es una auténtica vergüenza que la normativa de tráfico que aumenta la protección y los derechos del ciclista lleve en un cajón más de tres años, mientras que a nuestro flamante presidente se le llena la boca diciendo que le gusta practicar ciclismo (será que para él cierran al tráfico las carreteras).
Y desde luego es un auténtico insulto que la xunta haya pagado más de doscientos mil euros por un proyecto para el "Plan director de la movilidad alternativa en Galicia" del que no se ha vuelto a saber nada de nada.
Son muchos los elementos que forman parte del debate, y a menudo nos hemos visto explicando que no por defender al ciclista urbano, defendemos al que usa las aceras (eso sería tanto como decir que por ser conductor no respetas los límites de velocidad o es posible que des positivo en un control de alcoholemia), u otros ejemplos del mal uso de un vehículo, que sin embargo, es el más altruísta de los medios de transporte.
Quizás, cuando un conductor ve reducida su velocidad por que hay un ciclista en la calzada debería pensar no en el futuro inmediato (que llegará un par de minutos tarde), si no en el de los hijos que lleva detrás, y en que ese ciclista está cuidando el aire que respirarán. O en que a mayor número de ciclistas mayor fluidez del tráfico. O que el ciclista suele usar menos los servicios sanitarios (su salud es mejor según las estadísticas) y por lo tanto, reduce un gasto que pagamos todos.
Y sobre todo, a ver si cuando vemos a un ciclista desde nuestro volante, vemos la realidad, vemos lo mismo que va en las plazas traseras de nuestro coche o por las aceras de nuestra ciudad. A ver si dejamos de dividirnos y empezamos a ver a seres humanos tanto sobre dos ruedas, como en cuatro, doce o a pié. Ya es hora de que empecemos a respetar al otro para conformar un único colectivo, el de las personas. Será entonces cuando veamos que cambiar las cosas es posible y mucho más gratificante de lo que creíamos y sobre todo, será cuando empecemos a preparar el futuro que queremos para los que a su corta edad todavía ven a la gente como lo que es, personas, y no colectivos con los que emprender batallas absurdas.
Un saudo a tod@s.





